¿Cómo debe ser de burdo el engaño para excluir el delito de estafa?

¿Cómo debe ser de burdo el engaño para excluir el delito de estafa?

Declara la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en sentencia de 24 de julio de 2017, que “la exclusión del delito de estafa en supuesto de engaño burdo, no permite –en una interpretación extensiva–, desplazar sobre las víctimas la responsabilidad del engaño, no exigiendo este tipo delictivo un tipo de autoprotección o autotutela que no está definido en el tipo penal, ni tampoco se reclama en otras infracciones patrimoniales.”

Explica el Tribunal que “esta ha sido la doctrina clásica de la Sala en esta materia, y en tal sentido, podemos traer a colación la cita de Alejandro Groizard, ya citada en la STS 1537/2001, en sus comentarios al C. P. de 1870 para el que la nota de que sea  “bastante”  el engaño la relacionaba con  “una absoluta falta de perspicacia, una estúpida credulidad o una extraordinaria indolencia para enterarse de las cosas puede llegar a ser causa de que la defraudación, más que producto de un engaño, deba considerarse como efecto censurable abandono o como falta de debida diligencia”. Por ello la tesis que sugiere el recurrente de que el derecho penal no debe convertirse en un instrumento de protección patrimonial de aquello que no se protege, no puede ser aceptable  aunque es justo reconocer que también existen en la jurisprudencia de la Sala, resoluciones que se encuentran en esa línea, SSTS 1285/1998; 529/2000; 738/2000; 2006/2000; 1686/2001 o 161/2002. La STS 1686/2001 tiene declarado que “no puede acogerse a la protección penal que invoca quien en las relaciones del tráfico jurídico económico no guarde la diligencia que le era exigida en atención al puesto que ocupaba en el contexto en el que se produce el engaño”. En el mismo sentido SSTS 880/2002 o 449/2006.”

Por ello la Sala “sin llegar a rechazar totalmente esta jurisprudencia, es lo cierto que actualmente se pone el acento en la lealtad y buena fe y confianza recíproca en las relaciones. En todo caso, lo relevante es no  actuar de acuerdo con reglas estereotipadas, debiéndose tener, en última instancia, las  concretas condiciones en que se encontraba la víctima. En tal sentido, además de las citadas, SSTS 839/2009 de 21 de Julio; 332/2010; 814/2012; 53/2013; 539/2013; 318/2016 o 350/2016, se trata, como puede observarse, de jurisprudencia más moderna que la antes citada. En el presente caso, es claro que, como ya se ha adelantado, el engaño desarrollado por el recurrente fue bastante en la medida que como se dice en la sentencia, el recurrente era un comercial del concesionario que llevaba tiempo operando con la concesionaria, y como tal recogía la documentación de los particulares que entregaba a la financiera, y en esta situación, es claro que son prioritarias las  “pautas de confianza” que deben regir las relaciones jurídico-mercantiles que han de estar basadas en la lealtad y la confianza sin las que no es posible la estabilidad negocial y la fluidez en el comercio. SSTS 765 y 766.”

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