¿Qué debe acreditarse en el proceso de modificación de medidas para que el nacimiento de un hijo de otra relación suponga una modificación sustancial de las circunstancias tenidas en cuenta en el momento de fijarlos a favor de los anteriores?

¿Qué debe acreditarse en el proceso de modificación de medidas para que el nacimiento de un hijo de otra relación suponga una  modificación  sustancial  de  las circunstancias tenidas en cuenta en el momento de fijarlos a favor de los anteriores?

La respuesta a esta cuestión nos las ofrece la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, que en sentencia de 21 de septiembre de 2016 declara sobre este particular que “el hecho de que el progenitor no custodio rehaga su vida sentimental con otra persona y fruto de ello tenga descendencia puede ser circunstancia relevante para revisar la pensión de alimentos de la menor, pero siempre y cuando exista una prueba rigurosa, que aquí se echa en falta, de las circunstancias de esa nueva relación y su influencia notoria a efectos de sus obligaciones alimenticias para con todos sus hijos.”

Añade el Tribunal que “así se ha venido pronunciando esta Sala. La sentencia 197/2008, de 3 octubre afirma «Si  el  sustento  del  hijo  es  una  carga  del  matrimonio,  lo  importante  será  conocer  el  caudal  o  medios con  los  que  cuenta  la  nueva  unidad  familiar,  para  lo  que  se  hacía  preciso  probar  si  la  esposa  contribuía económicamente al sostenimiento de dicha carga o por el contrario el sustento del hijo quedaba a expensas exclusivamente del marido, -situación ésta que sí redundaría en una disminución de su fortuna-, lo que no se hizo. Parece no reparar el recurrente en la importancia que tienen los ingresos de la esposa a la hora de dilucidar  si  la  fortuna  de  aquel  disminuyó,  pues  la  ley  determina  el  carácter  ganancial  de  los  rendimientos del  trabajo  constante  matrimonio,  y  ello  ha  lugar  a  que  la  fortuna  del  mismo,  lejos  de  disminuir,  se  viera incrementada a resultas de la convivencia con su nueva mujer. Y  la  sentencia  250/2013,  de  30  abril  ,  con  planteamiento  introductorio  a  la  respuesta  más  amplio, sostiene que: «Sin duda el nacimiento de nuevos hijos, tanto en sede matrimonial normalizada como en otra posterior tras  la  ruptura,  determina  una  redistribución  económica  de  los  recursos  económicos  de  quienes  están obligados a alimentarlos para hacer frente a sus necesidades. No es lo mismo alimentar a uno que a más hijos, pero si es la misma la obligación que se impone en beneficio de todos ellos. El hecho de que el nacimiento se produzca por decisión voluntaria o involuntaria del deudor de una prestación de esta clase, no implica que la obligación no pueda modificarse en beneficio de todos, a partir de una distinción que no tiene ningún sustento entre unos y otros, por más que se produzca por la libre voluntad del obligado.”

Por ello razona la Sala que “el tratamiento jurídico es el mismo pues deriva de la relación paterno filial. Todos ellos son iguales ante la Ley y todos tienen el mismo derecho a percibir alimentos de sus progenitores, conforme al artículo 39 de la Constitución Española, sin que exista un crédito preferente a favor de los nacidos en la primitiva unión respecto de los habidos de otra posterior fruto de una nueva relación de matrimonio o de una unión de hecho del alimentante. »Es  decir,  el  nacimiento  de  un  nuevo  hijo  sí  que  puede  suponer  una  modificación  sustancial  de  las circunstancias que se tuvieron en cuenta en el momento de fijarlos a favor de los anteriores. Ahora bien, si el sustento del hijo es una carga del matrimonio, lo importante será conocer el caudal o medios con los que cuenta la nueva unidad familiar, para lo que se hace preciso probar si la esposa contribuía económicamente al sostenimiento de dicha carga o por el contrario el sustento del hijo quedaba a expensas exclusivamente del marido, -situación ésta que sí redundaría en una disminución de su fortuna-.»”

En aplicación de lo anterior al caso analizado por la Sala de lo Civil se declara que “en lo que aquí interesa supone que el nacimiento de un nuevo hijo no basta para reducir la pensión alimenticia del hijo o hijos habidos de una relación anterior, ya fijada previamente, sino que es preciso conocer si la capacidad patrimonial o medios económicos del alimentante es ciertamente insuficiente para hacer frente a esta obligación ya impuesta y a la que resulta de las necesidades de los hijos nacidos con posterioridad, sin merma de la atención de las suyas propias, y valorar si es o no procedente redistribuir a capacidad económica del obligado, sin comprometer la situación de ninguno de los menores, en cuyo interés se actúa, y ello exige ponderar no solo las posibilidades económicas del alimentante sino las del otro progenitor que tiene también la obligación de contribuir proporcionalmente a la atención de los alimentos de los descendientes, según sean sus recursos económicos, prueba que no se ha hecho. Por tanto, la mera circunstancia de una nueva relación sentimental, con descendencia fruto de ella, no constituye per se que sea relevante y sustancial para modificar la pensión de alimentos de la hija del anterior matrimonio.  Sería  preciso  probar  el  sustrato  fáctico  ya  mencionado,  y,  como  se  ha  dicho,  se  echa  en  falta su acreditación.”

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