¿Para que concurra el delito del artículo 175 del Código Penal (delito contra la integridad moral) se requiere un dolo específico o elemento intencional?

¿Para que concurra el delito del artículo 175 del Código Penal (delito contra la integridad moral) se requiere un dolo específico o elemento intencional?

La respuesta a esta cuestión nos las ofrece la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, que en sentencia de 26 de septiembre de 2016 respondiendo a esta cuestión declara que “el  problema  que  suscita  el  motivo  es  más  dogmático  que  probatorio:  dilucidar  si  para  que  nazca  el delito del art. 175 CP se requiere ese algo más subjetivo, superpuesto al dolo genérico, que parece exigir el recurrente, aunque formalmente proclame que no es así.

Hemos  de  asumir  tanto  la  vía  argumental  del  Ministerio  Fiscal  – estaríamos  ante  un  dolo  de consecuencias necesarias-, como la de la Audiencia -no se requiere un dolo específico o elemento intencional que vaya más allá de conocer que la conducta objetivamente  afecta a la integridad moral, y consentir con ello-. Ese dolo puede aparecer repentinamente; es compatible con un estado de ira; no exige una reflexión deliberativa seguida de una decisión meditada y asumida fríamente. Por eso no hay espacio para el discurso del recurrente que querría reputar incompatible con ese dolo una reacción impulsiva o descontrolada ante una provocación.

La frialdad de ánimo no es presupuesto del tipo subjetivo del art. 175. Como tampoco lo es que la acción denigrante sea gratuita o no esté animada por móviles específicos distintos del puro y desnudo propósito de afectar a la integridad moral (como viene a demostrar el art. 174: el afán vindicativo no excluye el atentado a la integridad moral, que también se da cuando es ese el único móvil de la acción).

La  incidencia  en  el  sentimiento  de  dignidad  de  la  víctima  fluye  de  la  situación  y  el  marco  que  son conocidos  por  el  acusado  en  todos  sus  detalles:  persona  detenida  y  por  tanto  sometida  y  sin  capacidad de  responder  a  una  agresión  por  estar  esposado;  lo  que  ha  de  combinarse  con  la  actitud  mostrada  por  el recurrente (se puede captar sin intermediarios por el visionado de la grabación). Con independencia de que existiesen  insultos  previos  que  habrían  podido  despertar  indignación  (en  quien  ejerce  una  profesión  como la  del  recurrente  debiera  presumirse  una  mayor  capacidad  de  encaje  y  tolerancia  frente  a  esas  actitudes, máxime cuando surgen condicionadas por un manifiesto estado de ebriedad), se constata como el recurrente se  aproxima  como  sin  querer,  fingiéndose  distraído,  al  detenido  y  repentinamente  (está  bien  descrito  en la  sentencia),  sin  aviso  previo  ni  verbal  ni  gestual,  dirige  el  golpe  con  la  pierna  a  la  cabeza  de  quien  está totalmente desprevenido, reducido e indefenso. Es objetivamente humillante y vejatorio ese modo de golpearle en el contexto en que se produce. Incorpora unas dosis despectivas percibibles por cualquier observador.

No es necesaria una motivación distinta a la propia descripción del hecho probado en secuencia querida por el acusado: res ipsa loquitur, según muy pertinente aforismo latino traído a colación por el Fiscal. Exigir  una  prueba  específica  de  esa intencionalidad o  una  motivación  ad  hoc para  justificar  su concurrencia,  sería,  mutatis  mutandi,  como  reprobar  una  sentencia  condenatoria  por  delito  de  hurto  por limitarse a decir que Marino Andrés se apoderó de la cartera de Fidel Bartolomé sin expresar qué pruebas abonan la presencia de un ánimo de lucro, ni motivar de forma específica por qué se ha deducido ese ánimo de  lucro.  O  como  reclamar  que  tras  describir  que  una  persona  disparó  al  corazón  de  otra abatiéndola,  se especifique  no  solo  por  qué  se  estima  probada  la  acción  (testigos,  v.  gr.),  sino  también  indicar  qué  otras pruebas abonan la conclusión de que concurría el tipo subjetivo del homicidio, es decir, la intención de matar.

El tipo subjetivo del art. 175 se infiere sin más de la propia secuencia objetiva del hecho. El inciso que incorpora la Sala al hecho probado a remolque del Fiscal -“con ánimo de atentar contra su integridad física y moral”- es prescindible. No añade nada relevante. Suprimido, la subsunción jurídica sería idéntica; del mismo modo que la locución “con ánimo de lucro” tampoco es necesaria en el relato de una sustracción de metálico previa exhibición de una navaja.”

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